Charles Eisenstein
Coaching en transición


Considerado como uno de los pensadores líderes de su generación, Charles Eisenstein es un orador y escritor reconocido internacionalmente. Autor de libros como El Ascenso de la Humanidad o Economía Sagrada, entre otros, su trabajo se centra principalmente en la salud holística y la transformación de la conciencia humana y la civilización. Ha creado el concepto de Viviendo en el Don, en relación con su trabajo sobre el dinero, la economía y la gratitud. Graduado de la Universidad de Yale en Matemáticas y Filosofía, fue a Taiwán, donde aprendió chino y se formó en las tradiciones espirituales orientales. Allí sufrió una intensísima transformación personal que le condujo a encontrar su actual mensaje. Dedicó varios años a la enseñanza del yoga y más tarde fue profesor del departamento de Ciencia de Penn State Univers.


Todos lo hemos vivido una y otra vez. Asistes a un seminario transformacional, lees un libro que te abre la mente, disfrutas de una sesión con una persona iluminada y sabia, y entonces todo parece posible. El mundo adquiere un nuevo brillo, y la vida promete niveles nunca antes imaginados de alegría, amor y vitalidad. El efecto dura varios días, o semanas, pero lentamente “el mundo real” regresa. Al principio esta nueva manera de ser era mágica, sin esfuerzo; después se convierte en un esfuerzo, y finalmente es solo un recuerdo. ¿Qué ha ocurrido? Ese elevado estado del ser, ¿fue una ilusión, una anomalía temporal? Sin embargo, se sentía tan verdadero.

El problema y la solución están arraigados en un aspecto que define nuestros tiempos: estamos en una transición entre mundos. El antiguo mundo es el mundo de la Separación, una era de la humanidad definida por la disolución progresiva de comunidades, el alejamiento de la naturaleza, e incluso el rechazo de partes de nuestro ser. El nuevo mundo es una era de Re-unión, en la que buscamos recrear nuestros lazos con otros, con todos los seres, con la tierra; es una era donde buscamos ser completos e íntegros.

En el antiguo mundo, el ser era una parte diferenciada, separada, una burbuja de psicología en una cárcel hecha de carne, una pizca de conciencia Cartesiana observando un mundo que era otro. El ser era un alma encapsulada en piel; una máquina de supervivencia biológica; un maximizador económico de intereses individuales. Nada fuera de mi mismo importaba, porque todo estaba separado de mi. Estábamos en competencia con otros seres y con enemigos de la naturaleza, a los que quisimos someter, amarrar, conquistar, y finalmente trascender.

En el nuevo mundo,  estamos moviéndonos hacia una nueva sensación-de-ser, una nueva manera de ser. El nuevo ser es el ser conectado, el que sabe que lo que te ocurre a ti-- lo que le ocurre a cualquier ser-- también me está ocurriendo a mi. Este ser ya no necesita maximizar su interés individual, porque éste se ha expandido e incluye a otros. Este ser desea servir a otros seres, para traer alegría, sanación y belleza a otras personas y al planeta. Y no es cuestión de auto sacrificio, porque para el ser conectado aplica una nueva Regla de Oro, que no es una regla sino una nueva comprensión: “Lo que le hago a los otros, me estoy haciendo a mi mismo.”

La verdad del ser conectado es algo que podemos sentir. Cuando lees acerca de una especie en vías de extinción, una selva talada al raso, un pueblo destruido, ¿no lo sientes en tu interior como una herida? La reducción de la vida en cualquier lugar reduce nuestra propia vitalidad, nuestra propia integridad. Duele. Ese es el corolario inevitable de nuestra conexión. Es inevitable que una crisis de salud refleje la destrucción de ecosistemas, que la desintegración social en países ricos refleje la destrucción de otras culturas, y que la infelicidad personal refleje la incapacidad de servir a otros.

Aún vivimos entre los hábitos e instituciones del antiguo mundo; de hecho, hemos construido toda una civilización sobre la historia de la Separación. Hemos llevado la explotación del otro a tal extremo, que billones de personas viven en la pobreza, violencia y miseria. Hemos llevado la explotación de la naturaleza a tal extremo que la base ecológica de nuestra civilización está bajo amenaza. Es más, incluso para los ganadores de este juego de todos contra todos, la vida en los hábitos e instituciones de la Separación se ha tornado miserable. Por un tiempo, podemos compensar nuestro aislamiento de comunidad, naturaleza y espíritu a través de la expansión del ser solitario, pequeño y separado. Pero no importa cuanto poseas o cómo sea tu cuenta bancaria, sigues siendo mucho más pequeño que el infinito del ser conectado. Cada vez más, deseamos recobrar nuestra integralidad perdida, nuestra “completitud”.

Un nuevo mundo nos llama. En nuestros corazones, sabemos que la vida debería ser mucho más alegre y gozosa de lo que nos han ofrecido normalmente. Lo vislumbramos en ocasiones, en esos momentos especiales que nos muestran lo que la vida debería ser. Puede ocurrir haciendo trabajo transformacional, o a través de unos de los momentos intensos de la vida, una experiencia espiritual, una experiencia cercana con la muerte, una experiencia chamánica, junto el lecho de alguien que está muriendo, o dando a luz, en manos de un sanador, o a veces espontáneamente. Estos momentos que vislumbramos pueden durar algunos minutos, o incluso algunos días o semanas. Sin embargo, poco a poco conspiran fuerzas poderosas, que nos arrastran de regreso a la normalidad antigua. La presión de otras personas, del dinero, y de nuestra propia duda e inercia nos dicen: “Eso fue solo una excepción, no es práctico, no es real, fue una bonita excursión para alejarse del tedio, la mediocridad, las preocupaciones, la duda, la insensibilidad, el resentimiento, los sacrificios. Pero la vida no es así. No se puede vivir así.” Sin embargo, nuestros corazones saben que han capturado un momento verdadero, real.

Como el mundo de Re-unión en el que nos estamos adentrando es nuevo, carece de estructuras bien desarrolladas para mantenernos ahí. Así es como nos deslizamos de regreso al antiguo mundo constantemente. Afortunadamente, esto está cambiando. Más y más de nosotros estamos visitando el mundo de Re-unión con suficiente frecuencia para generar una masa crítica. Hay suficientes de nosotros habitándolo durante suficiente tiempo para sostenernos mutuamente en ese lugar, en saber la verdad. Uno puede ser fuerte cuando otro flaquea. Nadie debe quedarse ahí solo. De hecho, nadie puede. Esta es parte de la verdad del ser conectado. El siguiente estadio en la evolución de la conciencia humana solamente puede suceder en forma grupal. No he conocido a nadie que pueda quedarse en el nuevo mundo solo. Cuando estamos solos, recaemos en viejos hábitos, viejas maneras, porque su atracción es simplemente demasiado poderosa. Nos necesitamos mutuamente para mantenernos cuerdos. Nos necesitamos mutuamente para quedarnos en Re-unión el tiempo suficiente para desarrollar estructuras ahí, para que se convierta en la nueva normalidad.

Se podría decir que el rol del coach es sostener a una persona en la nueva normalidad. Es sostener ese saber para otra persona, el saber que lo que les dice su corazón es cierto—que la vida puede ser más alegre y el mundo más bello de lo que habían aceptado como la normalidad. Y es saber eso tan poderosamente, que incluso cuando el otro está perdido en la duda, tú puedes sostener ese saber para los dos.

Por favor comprende que para tener esa fortaleza, tú también debes depender de otros que te sostienen en ese saber. El coach necesita un coach, o más precisamente, el coach necesita una comunidad. Finalmente, la distinción entre coach y cliente se desintegrará, y nos sostendremos mutuamente en la historia del ser conectado. Mientras tanto, la comunidad de coaches debe sostener a sus miembros en el darse cuenta de la conexión. De lo contrario, los coaches se perderán, y terminarán perpetuando el antiguo mundo inconscientemente, ayudando a sus clientes a participar más efectivamente en la explotación del hombre y la naturaleza, aceitando los engranajes de la máquina, y no sabiendo lo que hacen. Necesitamos recordarnos mutuamente, acompañarnos en hacernos responsables,  para así poder seguir actuando y haciendo coaching de maneras que parecen una locura para el ser separado. Por generaciones, pareció una locura dedicar la vida al servicio, al amor, a la belleza. Ya no. Para el ser conectado, es la única manera de vivir.

Todos sabemos eso, en nuestros  corazones. Nadie desea vivir de otra manera. Pero la mente dice otra cosa, y sus creencias tienen una inercia poderosa, reforzada por las instituciones que nos rodean. El resultado es un conflicto entre el corazón y la cabeza, entre la sabiduría y las creencias. El trabajo del coach es darle una voz a la sabiduría del corazón, para que finalmente la cabeza y el corazón puedan alinearse, y nuestras creencias se incorporen, se conviertan en acción sentida por el corazón. Esta es una sanación muy profunda.

Todas las personas que conozco tienen un pie en ambos mundos, Separación y Re-unión. De algún modo, vivimos como seres conectados, alineados con la sanación de la sociedad y el planeta. De otras maneras, todavía vivimos en separación, contribuyendo, conscientemente o no, a la destrucción de todo lo que es bello. Cada uno de nosotros tiene temor de realmente creer aquello que sabe. Por eso nos necesitamos mutuamente, para entrar ese mundo más bello, ese que nuestros corazones nos dicen que es posible.

Traducción de Alejandra Silberman
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